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El ramo de
olivo acompaña el movimiento del pueblo de la Antigua Alianza,
sobre el que fueron injertados los ramos de olivo salvaje, los
paganos (cf. Rm 11, 17): desde aquí el cruce con la nueva
multitud de los cristianos, de los apóstoles de hoy, todos
juntos hacia Cristo, hacia la Jerusalén celestial.
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