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El
icono es esencialmente un icono litúrgico, memoria visiva del Misterio
y espejo de la comunidad que celebra en este lugar. En el icono, el
Divino Maestro constituido para siempre Rey, Profeta y Sacerdote, se
presenta ante la comunidad de los creyentes con los signos gloriosos de
su Pasión (cf. Jn 20, 19-28), sentado sobre el trono de la Cruz
gloriosa para indicar que la suprema cátedra de su magisterio es el
amor que entrega la vida (cf. Jn 13, 12-17; 15, 13). Envueltas en el mismo misterio y situadas en la zona inferior del icono, destacan la figura del apóstol Pablo y la del discípulo amado según la tradición del evangelio de Juan. Ambos remiten a la comunidad orante en esta iglesia a las dos actitudes fundamentales e inseparables propias del discipulado cristiano es decir, la mística y el servicio (cf. Jn 12, 1-11; Lc 10, 25-42; Rm 12, 1-21). Las dos figuras están puestas como un espejo en el mismo plano, en el intento de revelarse recíprocamente el otro rostro de un amor absoluto hacia Cristo y la causa de su señorío en la historia (cf. Mt 5, 1-11). |
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