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Desde roma, el 28 de agosto de 1946, escribe a la Madre Escolástica que a partir del 21 de julio estaba en París, siendo ésta la segunda etapa de su “exilio”:
Queridísima M. Escolástica ¿Cómo te encuentras ahí? ¿Ya habéis encaminado el apostolado? Me han dicho que hacéis estatuas hermosas. ¿Qué tal está la salud? Pido mucho por ti. El buen Dios ha querido que tú acompañases a su Hijo, cuando en el huerto se encontró lleno de tristeza y solo… ¿No es así? ¡Cuánto os pienso! ¡Ánimo, queridísima hermana mía! Piensa que estos son los días de mayores méritos. En el paraíso bendeciremos las penas, las cruces soportadas por el Señor. Te estoy muy cercana en el espíritu. Pide por mí. Yo no sé decir muchas cosas, pero te deseo muchísimo bien. Se están celebrando muchas S. Misas por el feliz éxito de la práctica. Pedimos y confiamos. Deseamos sólo hacer lo que el Señor quiere de nosotras. Saluda a las Hermanas también de mi parte. Con todo afecto en S. Pablo Afma. M. Tecla
Algún mes más tarde, cuando el horizonte se va despejando y a pasos agigantados hacia el reconocimiento de la autonomía de las Pías Discípulas, en fecha 1 de febrero de 1947 le escribe:
Queridísima M. Escolástica: Tu carta me ha dado gran alegría. Deo gracias que las cosas se encaminan por el buen camino, aunque no hayan llegado aún al puerto me parece que poco a poco van entrando. Me he acordado mucho de ti, contigo he orado y ofrecido mucho. Hay que rezar todavía mucho. Ahora no podemos hacer nada ni por las Pías Discípulas ni por las Hijas sin el P. Angelico nuestro Visitador. Todo depende de él. Él dice a quién se debe poner de responsable, cómo hay que hacer todo. Es muy bueno y comprende nuestra situación. Me han dicho que de vez en cuando se repiten aquellas molestias, estate atenta, ten las atenciones que tienes que tener por ti. Te confío también mi querida madre, que ha ido al Paraíso el 18 de enero. Yo la vi sólo ya cadáver. Estas muertes nos despean siempre más de la tierra y nos hacen desear el Paraíso. Tengo mucha confianza que pronto serán constituidas las Pías D., pero muy bien, como quiere el Señor, el Primer Señor Maestro y todas nosotras. Tu sacrificio está allí en el cimiento, será como la semilla que caída en la tierra parece desaparecer pero luego da el fruto del ciento por uno. Poco importa si nosotras somos pisadas con tal de que el Señor sea alabado y bendecido. En Roma hacen hermosas adoraciones; las Hermanas están muy contentas. [...] ¡Que el Señor et bendiga! Recuerda que cuento mucho con tus oraciones. Saludos cordiales a ti y a todas Afma. M. Tecla
Y de nuevo algunos días más tarde, el 6 de febrero, para las felicitaciones del onomástico:
Queridísima M. Escolástica: Me alegro de esta ocasión hermosa de tu onomástico para volver a escribirte. Sí, queridísima hermana, te estoy muy cerca y pido mucho por ti a tu Santa. Ella sabe y comprende tus necesidades y será generosa en dones espirituales. Muchas Hijas piden por ti. Todas las Pías Discípulas te están cerca, estoy segura. Aunque las circunstancias de hayan alejado un poco de ellas, sin embargo le afecto y la gratitud no viene menos en ninguna. Aquí se está trabajando para sistemar las cosas. Tú me comprendes. Hay que rezar mucho, la cosa es discutida arriba. Por lo tanto comprendes que sólo el Señor puede hacer. Nosotras deseamos que se cumpla en todo Su Santa voluntad; esto queremos y pedimos, y confiamos mucho en el amor de Dios por nosotros. No sé si la presente te encontrará todavía en Niza, y de todas formas te la harán llegar. ¿Estás mejor? ¿Te cuidas de tus molestias? Que la gloriosa Santa Escolástica te dé su amor por Dios, y que me lo dé a mí también. ¡Qué día hermoso día será aquel cuando podamos ver al Señor cara a cara! ¡Animémonos! Cuanto más tengamos que sufrir aquí abajo, más gozaremos allá arriba. Muchas felicidades y saludos los más afectuosos. En S. Pablo Afma. M. Tecla
No sólo la Maestra Tecla, sino muchas otras Hijas de S, Pablo, especialmente de las del a primera hora, siempre vieron con claridad la particular vocación y misión de las Pías Discípulas en la Familia paulina. Un ejemplo significativo es el de M. Brigida Perron (1899-1977), que, con ocasión de los 50º años de nuestra congregación en el mes de febrero de 1974 escribía en estos términos a la Madre Escolástica:
Queridísima Sor Escolástica: ¡Feliz onomástico! Nunca te he escrito por esto, pero cada año lo he recordado al Señor. Este año es un onomástico quincuagenario y no sólo tuyo, sino de todas las queridísimas Pías Discípulas. Recuerdo cómo si fuera hoy cuando nos encontramos novatillas las dos en el ’22. Después el 10 de febrero del 24, después vuestra primera vestición! Todo, porque lo vivía en el alma. Un cincuenta aniversario es realmente una cosa grande, significa y esto especialmente para ti, deja que lo diga con todo el corazón y sinceridad un sinfín de gracias especialísimas, rasgos de amor particular de Jesús, ¿no es así? Significa cincuenta años de incondicional fidelidad a tu vocación particular ¿y qué podemos desear mejor? Recuerdas aquel famoso mes de enero al Divino Maestro en el que el Primer Maestro nos hizo cada mañana la meditación sobre la obediencia, y luego, a los pocos días os eligió a vosotras, yo lo recuerdo bien. ¡Cuántas cosas desde entonces tú no habrías pensado en todo lo que fue sucediendo – todo rasgos de amor de Dios, para el futuro de la P. D.! ¿Qué te puedo desear y pedir en esta fecha? Ascender cada día en la posesión interior de Él, tú pídelo por mí – sí que nos dejemos poseer siempre más pro el Espíritu Santo que es amor. Si lo ves bien, salúdame a todas las que conocía desde antes de 32. Os conocía a todas y os recuerdo. Muchas felicidades a todas. Sobre todo a las que he conocido, gratos recuerdos, a las que he querido y quiero. Así a todas las Pías Discípulas. Recordadme en vuestras adoraciones; cuento con ello, gracias. Rezad por todas las F.S.P. que el Señor nos ayude a ser siempre más fieles a nuestra vocación. Cordiales saludos y un abrazo Afma. Sor Brigida Perron
Son sólo algunas “imágenes” que abren la rendija para ver la profundidad de las relaciones de “Familia”, de lo que signifique “quererse”, contemplando el admirable proyecto de Dios que se abre en nuestra historia y que revelan personas capaces de sufrir con quien sufre y de alegrarse con quien se alegra.
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