Home Madre M. Escolástica nos habla de ... Madre M. Scolastica "Regola vivente"
“Regla viviente” PDF Imprimir Correo electrónico

La primera que fue “puesta a parte” con ella en aquel 21 de noviembre de 1923, Sor m. Margarita Gerlotto (1899-1965), con ocasión del 40º aniversario de la Congregación se expresaba así:


“Bajo la guía de la Madre Escolástica se seguían las directrices del Fundador: se la veía siempre activa, alegre y contenta también cuando estaba puesta a dura prueba, con su mirada transparentaba la inocencia, era la regla viviente.

‘No nos pongamos nunca en vista, reconozcamos que no somos nada’ – decía. Rezaba continuamente, se entregaba a quien tenía necesidad, se desgastaba por los sacerdotes, nos inculcaba respeto y prudencia, su ejemplo era una continua prédica”.

Sor M. Immacolata Panero (1908-1976), en sus “recuerdos” sobre los comienzos de la Congregación, siempre en el ámbito de las celebraciones del 40º aniversario, decía:

«Había mucha pobreza, pero basada en la santidad. Atraídas por el ejemplo de la Madre Escolástica y de M. m. Antonietta, todo se hacía leve y suave; no había incomodidades, sino que siempre estábamos contentas y unidas».


Y a propósito de los primeros tiempos, Sor M. Nicodema Spinelli (1904-1972), recordaba la presencia de la Madre Escolástica junto a otra de las primeras ocho, Madre Antonietta Marello (1898-19589:

«Estaba Madre M. Escolástica Superiora y Madre M. Antonietta, Maestra de las Postulantes, dos almas que se integraban y se completaban recíprocamente y ¡de maravilla! Madre Antonietta era todo ojos y todo corazón, suave y fuerte a un tiempo, no se le escapaba nada, amante del orden y de la disciplina.  

Madre Escolástica mantenía bien su puesto, piadosa, activa, celante, amante del canto y de la liturgia; con aquel aspecto sonriente y difuso de sobrenatural que transfundía en toda alma, en todo departamento, tanto que en todo lugar donde se iba las hermanas silenciosa y alegres, demostraban que gozaban de una íntima alegría interior: así, taller, cocina, lavandería, molino, horno, zapatería [… ] Las dos Madres citadas, bajo la mirada del Veneradísimo Primer Maestro, formaban un óptimo y santificante gobierno, tanto que cuando por necesidad fueron separadas, se notó la diferencia...»

Y precisamente Madre M. Antonietta, después de que Madre Escolástica marchó para Argentina en 1948, a través de las cartas que le dirigía, nos descubre algunos rasgos sobre la consideración que las hermanas tenían de ella, como “modelo de vida”.


Vida de celo y de amor

“[...] Estoy contenta de que ahí ha encontrado muy buenas acogidas, (no dudo de esto) y estoy más que segura que ahí podrá reanudar su vida de celo, de amor y de recompensarse de las horas de angustia pasadas en estos últimos años. Estoy persuadida de que con la buena Maestra Pia Dogliani no será difícil expandir aun la exuberante actividad suya en los varios apostolados, que hay que iniciar ahí y hacer progresar a las almas que tiene en custodia en la perfección y en el amor, porque Madre Pia la conoce, la aprecia y la ama. Si hubiese ido a Argentina cuando em lo propuso el Primer Maestro, ahora sería afortunada por ¡vivir todavía juntas como en los primeros tiempos! ¡¡¡ ¿Se acuerda?!!! [...]” (10.11.1948).

Calor del celo y de la santidad

 “[...] Antes de nada estoy muy contenta de saber que está bien y siempre con pleno entusiasmo varonil y en la santidad, y en el apostolado, y también por el camino del calvario. Yo, ¡¡¡pobre mezquina, me contento con admirarla!!! Y se lo digo sinceramente, junto a Usted me sentía con más coraje. Más buena (¡ahora sólo pierdo tiempo! ¡Usted en cambio!). He sabido por el “Divin Maestro”[1]  las buenas iniciativas de esta casita suya acalorada por su celo y por su santidad. Cosas todas que dan mucha gloria a Dios y que ¡colman el corazón de las Madres de buenas esperanzas! [...] Me escriba alguna vez, Señor Maestra, que al leer las suyas gozo inmensamente, y sobre todo siempre me hacen un gran bien”  (Bilbao 30.11.1949).

Perenne entusiasmo y fervor de jovencita

“[...]  Me complazco grandemente de saber que está bien y en ¡pleno fervor de una jovencita! ¡Cómo quisiera vivir yo  también en el perenne entusiasmo como Usted! ... ¡cuántos más méritos! ¡cuánto más amor de Dios! ¡cuánto más buen ejemplo! Y ¡cuánto mayor bien recibirían las casas si en cada una estuviese una Madre que a todos transportase así al bien! La envidio, la admiro, Señor Maestra, ¡pero estoy bien lejos de imitarla! Rece, rece mucho mucho por mí; no necesito muchas cosas, pero una sola me basta: hacerme santa: ¡pero no empiezo nunca! Usted me dice que ¿Ya no en esta tierra? Yo lo espero]” (enero de 1950)

Corazón siempre dispuesto a meterse en el sacrificio


“Espero que haya tenido buen viaje[2], Y que la Virgen Santa haya escuchado mi pobre oración y que la haya acompañado durante el trayecto. Lo he sentido mucho que haya salido tan solita... pero se confía siempre en su fuerza de ánimo, de veras incomparable, y en su corazón siempre dispuesto a tirarse en el sacrificio; ante estos actos suyos casi heroicos, nosotras no somos sino pigmeos, u hormiguitas […] Le doy las gracias, Señora Maestra, por sus consejos, procuraré hacer frutos de ellos, pero ciertamente yo no tengo ni virtud, ni su santidad, rece Usted por mí para que en estos últimos años de vida religiosa pueda corresponder plenamente a las gracias del Señor. Yo la recuerdo todos los días y haré presente ante el Maestro Divino sus muchas preocupaciones. [...]” (18.5.1957)

Predilecta del Divino Maestro para toda la Congregación

“Le Deseo un Año Santo 1958 lleno de gracias... ¡me tenga todavía presente en sus bellas Adoraciones! ¡Muchas felicidades para Santa Escolástica!  Pasaré el 10 de febrero unida a Usted, a sus oraciones, a sus intenciones, y en acción de gracias por todas las predilecciones de las que la ha favorecido el Divino Maestro para nosotras y para la entera Congregación de sus queridas Pías Discípulas” (12.1.1958)

 

* * * * *


Después de los testimonios con los que has compartido el camino de los inicios, también nosotras, Pías Discípulas del Divino maestro de hoy, miramos a ti, “primera Pía discípula y primera Madre nuestra” y te decimos:
Querida Madre Escolástica, tú que a menudo hablando o escribiendo decías: “Pido para todas: la fidelidad y perseverancia, sin desanimaros nunca es más en los momentos de cualquier dificultad con mucha confianza decidle a Jesús: dame tu ayuda y tu paz ¡y adelante! El Paraíso es muy hermoso y no hacemos mucho para ganarlo, pero si amamos mucho a Jesús y rezamos de buena gana, tendremos de Él mucha ayuda y fervor, tanto que sabremos con generosidad superar todas las dificultades”, ayúdanos en este Año que queremos vivir en tu particular compañía para alabar y dar gracias al Divino Maestro, viviendo en una siempre mayor plenitud, en la luz de la Regla de Vida, la “vocación tan preciosa de que nos ha favorecido.



[1] Boletín interno de las Pías Discípulas, que comienza la publicación en junio de 1947.
[2] Se trata del viaje de vuelta a Argentina, después del primer Capítulo General.

 

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Noticia de última hora

Relanzamiento de la causa

“El 10 de febrero – escribía Sr. M. Regina, superiora general de las Pías Discípulas del Divino Maestro, en la circular n. 1, 2006 – recurre el 82º  aniversario de nuestra fundación. En esta fecha se relanza, en obediencia a la deliberación del 7º Capítulo general, la causa de beatificación de Madre M. Escolástica Rivata: “la raíz sobre la que crece la flor; el candelabro sobre el que brilla la luz; el cielo en el que resplandece la estrella” (B. Timoteo Giaccardo, 1947). Y con dicha fecha, el postulador don Antonio Da Silva ssp y Sr. M. Joseph Oberto han programado el trabajo que hay que llevar adelante a la Congregación de las Causas de los Santos.

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