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«Los santos manifiestan de distintos modos la presencia poderosa y transformante del Resucitado; han dejado que Cristo alcanzase plenamente su vida hasta poder afirmar con san Pablo “ya no soy yo quien vive, sino Cristo que vive en mí” (Ga 2,20). Seguir su ejemplo, recurrir a su intercesión, entrar en comunión con ellos, “nos une a Cristo, del cual, como desde la Fuente y desde la Cabeza, mana toda la gracia y toda la vida del mismo pueblo de Dios” (LG 50). La santidad, la plenitud de la vida cristiana no consiste en realizar empresas extraordinarias, sino en insertarse en Cristo, en vivir sus misterios, en hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos. La medida de la santidad nos es dada de la medida que Cristo alcance en nosotros, de cuánto, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida sobre la suya. Es el ser conformados a Jesús, como afirma san Pablo: “A los que desde siempre ha conocido, los ha predestinado a ser conformes a la imagen de su Hijo” (Rm 8, 29). Y san Agustín exclama: “Viva será mi vida plena de Ti” (Confesiones, 10, 28)».
- Benedicto XVI, 13 de abril de 2011 -
El don de la vida
Mientras en el Parlamento italiano está en discusión el proyecto de ley sobre el aborto, Madre Escolástica reza, ¡pero no sólo! El 15 de mayo de 1976 escribe a Loris Fortuna, el hombre político que, después de la aprobación de la ley sobre el divorcio, sostiene ahora la despenalización del aborto. Algunos pasajes de la carta: «Yo pienso: si cuando estaba Usted en el vientre de Su madre hubiese podido razonar, no le habría nunca consentido a Su madre que le hiciese abortar, en el caso que ella hubiese querido hacerlo, y ahora, si Usted quiere portarse con sabiduría y coherencia, en la verdad, tendría que desistir de su propósito de hacer aprobar la ley. ¿Cree Usted que Dios omnipotente no puede ofrecer su Providencia a muchos millones más de hombres, Él que ha creado el Universo y todos los habitantes existentes hasta ahora, los que actualmente existen y los que existirán en el futuro, cuando ya no existirá Usted?... Piense bien que Su alma ha sido creada por Dios y redimida por Jesucristo con su preciosa Sangre... Quien Le escribe es simplemente una conciudadana Suya italiana y cristiana, sin más títulos que los de quererle y desear todo bien verdadero, en particular el eterno. Corresponda a la invitación y le ayudaré todavía con mi pobre y ferviente oración». |